Arte y videojuegos, una relación discutida

A menudo se afirma que los videojuegos son una forma de arte, aseveración que se revela falsa tan pronto como la examinamos a la luz de la esencia del arte.

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Cada cierto tiempo sale al mercado un videojuego de los marcan época. Enseguida los de la prensa especializada nos lanzamos a calificarlo de “obra de arte“. Y entonces surge el debate: ¿arte y videojuegos pueden coincidir? ¿Son los videojuegos una forma de espresión artística? Intentemos dirimir la cuestión.

Damos por sentado que todos sabemos lo que es un videojuego: un juego de computadora, entendida ésta en el sentido amplio que abarca desde el PC hasta las consolas, pasando por tablets y smartphones. El otro término que debemos definir para determinar si los videojuegos pueden ser obras de arte es el arte mismo. Para ello, recurriremos a las definiciones de “arte” propuestas por dos filósofos y un artista. Que nadie se alarme. La filosofía, cuando se explica bien, la entiende cualquiera, y aquí es pertinente porque nos va a ayudar a pensar sobre los videojuegos.

Tres definiciones de arte

Primera definición. Martin Heidegger, filósofo alemán de la primera mitad del siglo XX, reflexionó en su artículo El origen de la Obra de Arte sobre el cuadro de Van Gogh titulado Botas de Campesino. En el lienzo aparece el par de botas de un labriego, nada más, y Heidegger se pregunta qué es lo que el cuadro pretende comunicar. Su respuesta, tras varias disquisiciones que aquí omitimos, es que el cuadro desvela la esencia de esas botas. Su esencia, dice Heidegger, es el “ser de confianza”, es decir, ser fiables.

Dicho con palabras más sencillas, lo importante de las botas, como de cualquier utensilio, es que sea fiable, que no falle mientras lo utilizamos, pues si fallara, no podríamos concentrarnos en la tarea que estamos realizando con él. Así, por ejemplo, la esencia de un ordenador también es la fiabilidad, pues un ordenador que se cuelga constantemente reclama tanto nuestra atención que nos distrae de lo que queremos hacer con él. Por tanto, la función del arte según Heidegger es mostrarnos la verdad, pues la esencia de las cosas es su verdad: lo que hace que ellas sean lo que son.

Arte y videojuegos

Botas de campesino, de Van Gogh (1886). A partir de algo en apariencia tan peregrino, Martin Heidegger descubre que la esencia de las botas, y de cualquier utensilio en general, es el “ser de confianza”, la fiabilidad.

Segunda definición. Herbert Marcuse, discípulo de Heidegger durante algún tiempo, dice en su libro más famoso, El Hombre Unidimensional, que el arte es “la gran negación”. Es una sentencia críptica, pero que, aclarándola, lo que quiere decir es que el arte sirve para denunciar aquellas cosas que se hacen pasar por verdaderas cuando en realidad no lo son. Ésto se consigue mostrando la verdad junto con las falsas apariencias, para que del contraste surja en el espectador el pensamiento de que la apariencia debe ser negada en favor de la verdad. Así, por ejemplo, sería arte la canción Hurricane de Bob Dylan, en la que se denuncian prejuicios racistas que algunos intentan hacer pasar por verdades cuando en realidad son mentiras.

La tercera y última definición de arte que proponemos es de nuestro genio andaluz Pablo Picasso, quien decía que el arte es una forma de decir la verdad a través de la mentira. Nuevamente, encontramos que la función del arte es revelar la verdad, en este caso señalando que se hace a través de la mentira. Lo que Picasso quiere decir con esto es que el arte no siempre presenta la realidad que vemos con los ojos. Por ejemplo, una novela puede narrar sucesos inventados, y en tanto que son inventados, son mentiras, pero mentiras que sirven para contar la verdad. Por seguir con el ejemplo del racismo, la película Django Desencadenado de Quentin Tarantino cuenta una historia inventada, una mentira, pero que sirve para mostrar la verdad sobre el racismo en los EE.UU. del siglo XIX.

Arte y videojuegos

El arte es, así pues, una manera de contar la verdad (primera definición), de denunciar mentiras (segunda), y que a veces se hace a través de la ficción (tercera). ¿Hay algún videojuego que encaje en esta definición de arte? Se nos ocurren unos cuantos candidatos: Spec Ops The Line, con su argumento inspirado en la novela El Corazón de la Tinieblas de Joseph Conrad, revela la verdad sobre los horrores de la guerra; Juego de Tronos, basado en la saga literaria de George R.R. Martin, revela la verdad sobre las relaciones de poder. Y más allá de las adaptaciones de libros también hay juegos con guiones originales que quizás podrían entrar en la definición de arte: Dishonored, Alan Wake y The Elder Scrolls V Skyrim son tres ejemplos.

Arte y videojuegos

Spec Ops the Line tiene un guión excelente basado en la novela El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad y en la película Apocalypse Now de Francis Ford Coppola. El horror de la guerra es la verdad que nos revela.

Ahora bien, todos estos juegos, además de narrar historias que cuentan verdades interesantes y denuncian mentiras, son también juegos, y como tales están diseñados para divertir al usuario. Debemos preguntarnos entonces, ¿hasta qué punto la diversión, concretada en situaciones como tiroteos, carreras y puzles, dificulta la observación de la verdad?

Imagínate que estás en el Museo del Louvre, buscando la verdad contenida en los cuadros allí expuestos. De repente, entran unos encapuchados que se lían a tiros, y entonces llegan los SWAT de la policía, te dan un subfusil, y te piden que les eches una mano. ¿Podrías concentrarte en contemplar los cuadros y en extraer la verdad que hay en ellos o llegarías a olvidarte incluso de que estás en un museo? Éste es el punto en el que se distancian los videojuegos y el arte. Las obras de arte requieren concentración para descubrir la verdad que ellas muestran, mientras que los videojuegos tienen que ser divertidos, y la concentración y la diversión son incompatibles.

El arte exige concentración

Ciertamente, hay novelas y películas que muestran verdades al tiempo que incorporan pasajes divertidos tales como tiroteos y persecuciones. Sin embargo, esos pasajes son sólo eso: fragmentos. El grueso de una buena novela o de una buena película que merezca el calificativo de arte no puede consistir en diversión, sino en concentración en la trama, en el desarrollo de la psicología de los personajes. En cambio, la proporción en un videojuego es justamente la contraria: mucha diversión y breves desarrollos de la trama mediante secuencias cinemáticas. Y cuando hay más diálogos que acción, entonces los jugadores nos quejamos y lo criticamos como un defecto. Véase, por ejemplo, Assassin’s Creed III, un juego en el que pasas mucho tiempo mirando y poco jugando.

Arte y videojuegos

El horror de la guerra, y la locura que produce en los hombres, es también el tema de Call of Duty Black Ops. Sin embargo es posible que, entre tantos tiroteos y explosiones, más de uno ni se enterase.

En conclusión, arte y videojuegos son incompatibles. Pero el debate no se cierra aquí, ni mucho menos. Ésta es sólo una opinión. Seguro que vosotros, como jugadores, también tenéis algo que decir. No tenéis por qué estar de acuerdo con Heidegger, Marcuse y Picasso. Sólo hay que darse un paseo por la siempre controvertida feria de arte contemporáneo Arco para darse cuenta de que hay muchas formas de entender el arte. Quizás el arte para vosotros sea otra cosa diferente, otra cosa que sí sea compatible con la diversión.