25/02/2024
Quienes piensan que jugar es perder el tiempo, se equivocan. Todo en la vida son juegos, y por tanto los videojuegos también pueden formar parte de la vida.

Una apología del juego es una buena forma de empezar un blog sobre videojuegos. El juego está mal visto en nuestra sociedad. Se les permite a los niños pequeños con el pretexto pedagógico de que es parte esencial de su aprendizaje, pero a partir de la adolescencia se suele considerar que jugar es, en la mayoría de los casos, una pérdida de tiempo. Grave error.

Juegos y más juegos

La vida entera, en realidad, no es más que un compendio de juegos. Eso decía el filósofo y matemático francés Blaise Pascal: jugamos a ser amigos, hijos, padres, hermanos, empleados, jefes. Más allá de los juegos, no hay nada. Otro filósofo de gran envergadura, el alemán Ludwig Wittgenstein, hizo girar todo el pensamiento de su segunda época en torno al concepto de los juegos de lenguaje. Hablar el lenguaje natural, decía, es como jugar a la pelota como lo hacen los niños, es decir, sin reglas explícitas, pero con un cierto saber qué es legal y qué no lo es.

Los filósofos no son los únicos que se han dado cuenta de que el juego es la esencia de la vida. Los informáticos llevan desde que se inventó la primera computadora electrónica intentando construir inteligencias artificiales. ¿Y cómo lo han hecho? Enseñando a las máquinas a jugar a juegos como el ajedrez, las damas o el tres en raya, con la esperanza de que esos juegos simples, confinados en micromundos, proporcionen a la máquina el conocimiento de lo que es un juego, y ese conocimiento sea extrapolable a los juegos de la vida que acontecen en el mundo real, tales como el lenguaje.

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Arthur Samuel, uno de los padres fundadores de la IA, frente a una computadora 701 de IBM (1956). Su programa jugador de damas incluía algoritmos de aprendizaje y fue capaz de derrotarlo a él mismo.

Eso es lo que sucedía en la película Juegos de Guerra. En la escena final la máquina era obligada por su creador y por un jovencísimo Matthew Broderick a jugar innumerables partidas de tres en raya contra sí misma para que comprendiera que, en el mundo real, hay juegos como el de la guerra nuclear que son como el del tres en raya: imposibles de ganar a poco inteligente que seas. Al final, la máquina aprendía la lección, y la humanidad se salvaba felizmente de la catástrofe.

En la vida real, en cambio, los científicos de la IA han fracasado, por razones que aquí no vienen al caso, en su propósito enseñar a las máquinas a dar el salto de los juegos simples como el tres en raya a los juegos complejos de los que se compone el mundo real. Pero lo que nos importa es lo acertado del planteamiento: el juego como la base de la inteligencia, porque ser inteligente es saber jugar. Cuando alguien sabe jugar bien a las matemáticas, con sus reglas de transformación de ecuaciones y demás, decimos que tiene inteligencia para los números. Cuando alguien sabe jugar bien a las relaciones sociales para obtener de los otros lo que desea, decimos que tiene inteligencia social. Ser inteligente, en definitiva, es saber vivir, y saber vivir es saber jugar.

Apología del juego

Decir, por tanto, que alguien que juega es alguien que pierde el tiempo, es una imprudencia. El juicio del tiempo bien o mal empleado depende de cuánto se juegue, a qué se juegue y cómo se juegue. En el caso de los videojuegos, la moderación es una virtud. Para jugar bien al gran juego de la vida, que es de lo que se trata a fin de cuentas para llegar a ser feliz, es más util, por ejemplo, saber jugar a los juegos de las matemáticas y de las relaciones sociales que saber jugar al XCOM. Pero esto no resta valor a jugar a los videojuegos.

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Detalle del fresco La escuela de Atenas, de Rafael (1509). A la izquierda, Platón, y a la derecha, Aristóteles, su alumno, que sostenía que una de las virtudes necesarias para la felicidad es la moderación.

Los videojuegos enseñan a resolver problemas dentro de un marco de reglas dado. Y, a diferencia de las computadoras, los seres humanos sí somos capaces de extrapolar esa enseñanza al mundo real. Lo mejor de todo es que los hacemos de un modo inconsciente, sin necesidad de procesar montones de datos pensando en ellos. Jugando se aprende, ya seas un niño que apila bloques de colores, o un adulto aficionado a XCOM, Bioshock Infinite o SimCity. Ésta es la razón por la que nuestro cerebro nos pide seguir jugando durante toda la vida, ya sea jugando a las relaciones sociales o jugando a videojuegos: porque es una máquina diseñada para jugar.

Que nadie te diga que no juegues. Sigue jugando, porque, de todas maneras, jugarás siempre lo quieras o no. Lo único que debes tener en cuenta es la utilidad relativa de cada juego particular para tener éxito en el gran juego al que se subordinan todos los demás: la vida. En la vida se gana cuando eres feliz. Por tanto, si los videojuegos con moderación forman parte para ti de una vida feliz, entonces sigue jugándolos hasta el final. Porque toda la vida es juego, y los juegos, juegos son.