Oculus Rift recibe 16 millones

Oculus Rift, o cómo el espíritu de Virtual Boy acecha en cada esquina

¿Será Oculus Rift la revolución en los juegos de PC que los grandes gurús dicen? Por el momento, nos recuerda mucho a Virrtual Boy… ¿a ti no?

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El otro día publicamos la noticia de que a Oculus VR le han inyectado 16 millones de dólares para el desarrollo de su producto estrella, el Oculus Rift que todos los gurús de la industria están poniendo por las nubes y tachando al aparatejo de revolución: desde Jon Carmak (id) a Cliff Bleszinski (Epic) o Gabe Newell (Valve). Pues bien, creedme que no soy tan optimista.

Parto de la base de que no las he probado aunque me haya empapado al ver las decenas de videos que invaden la red y reconozco que me están entrando ganas de pillarme un DPK a 300 pavos y ver si realmente es tan salvajemente brutal como dicen o, en palabras de uno de sus creadores, “cuando pruebas Oculus Rift, ya no quieres volver a mirar la pantalla“. Y pongo a dios por testigo que quiero creerles, y que me gustaría que fuera así pero por mucha novedad, tecnología, definición que le metan a las pantallas o juegos que sean compatibles, hay un impedimento que está por encima de esas cosas: el hecho de ponerse esas gafotas y estar metido dentro de Oculus Rift sin contacto con el exterior.

Oculus Rift es el retorno de la realidad virtual al mundo de los PC.

¿Oculus Rift es el retorno de la realidad virtual al mundo de los PC?

Para mí, es un obstáculo insalvable que creo que dará al traste con el invento pero es que, encima, en Oculus VR no dudan en recurrir al concepto de VR (realidad virtual) como si fuera super-cool-y-moderno-de-la-muerte, cuando está más pasado de moda que llevar un casete en el coche para escuchar música. La realidad virtual es cosa de los 90, de cuando aparecían unas recreativas que decían sumergirte en unos mundos reales llenos de polígonos planos y que eran tan apasionantes de jugar como recorrer el pasillo de nuestra casa con el tacataca de la abuela.

La realidad virtual ya murió así que mejor que la dejen en paz, como lo harán pronto las 3D con gafas tal y como hoy las conocemos. Un servidor, que tiene monitor 3D en el PC y unas gafas para la ocasión, no ha jugado nunca una partida de más de 1 minuto en 3D nada más que para comprobar cómo se ve este escenario o lo que sea. Pasado el minuto de gracia, desactivo las tres dimensiones, me quito las gafas y sigo jugando a lo que estaba.

Mezcla total: el Oculus Rift y el 'tacataca' de la abuela.

Mezcla total: el Oculus Rift y el ‘tacataca’ de la abuela.

Si hago eso con unas gafas que pesan unos gramitos y que me incomunican menos con el mundo exterior (uno tiene hijos y no puede irse de casa sin avisar, aunque sea a un mundo virtual), ¿qué no haré con un aparato que pesa mucho más y que me obligará a pasearme por un gimnasio para ejercitar el cuello a lo Fernando Alonso?

Oculus Rift ójala que sea un éxito y una revolución. Y que cambie las reglas del juego y que todos queramos jugar con él hasta al Buscaminas y que incluso, si el DPK lo permite, programemos la vida real para llevarlo por la calle y cambiarle la textura de la cara a nuestro jefe… pero me temo que no. Que no ocurrirá porque esta película ya la he visto. En rojo y negro, con patas, un pad muy chulo, juegos en cartucho y algunos personajes conocidos como Mario en una consola de mediados de los 90 llamada Virtual Boy. Y fracasó por que no jugabas, te encerrabas y tras 20 minutos o salías de la partida o acababas con un dolor de cabeza monstruoso. Y ese mismo problema, aunque más moderno, será lo que haga de Oculus Rift un divertido objeto de coleccionismo. Como la máquina de Nintendo

Espíritu por cierto, el de Virtual Boy, que está acechando ahora mismo las oficinas de Oculus VR